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Un sour perfecto para probar junto a comida japonesa

Por Mario Riveros M.

 

Del pisco sour hay muchas recetas. La mayoría son muy buenas en un cóctel, pero pocas veces uno puede almorzar o cenar partiendo por este trago.

No sólo porque es algo así como un shot de alcohol sino porque también es difícil encontrar con qué maridarlo, y su sabor es tan intenso que luego lo que comeremos se pierde en el recuerdo de esta copa en nuestra boca.

Por eso, cuando fui a Temple, el restaurant comandado por el chef Minsu Bang, me sorprendió que la primera recomendación al sentarme fuera un Temple Sour.  “Para partir” fue la firme sugerencia.

La duda existía, principalmente porque uno siente que, más que pensar en el resultado de los platos en el comensal, los chilenos ligamos firmemente a este trago con el inicio, y reafirmamos el rito que, en cuanto se parte, se toma un pisco sour.

Y el Temple Sour llegó. ¿Su presentación? Un bello vaso multicolor con espuma y un poco de amargo con la explicación del mozo: Es un pisco sour con sake. Mi primera relación fue recordar el equilibrado (pero potente) Kappa sour con Grand Marnier, un sello de Casa Lapostolle, y me fui a probar: muy suave y equilibrado y, aunque se notaba el peso alcohólico de dos tipos de pisco más el sake, la sensación fue muy ligera.

Es un trago muy elegante, que suaviza y efectivamente te deja a la expectativa de probar lo que viene, comida japonesa que generalmente requiere de mucha atención.

Y aunque tiene trampa, porque además del sake, los dos tipos de pisco, la cáscara y el jugo de limón, la receta de Temple incluye sírope casero y bitter de ciruela y granada, marida perfectamente con este tipo de preparaciones.

 

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