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Así se come en el De La Ostia, un español a precio chileno

Por Mario Riveros M.

Instagram: @mario_riverosm
Hace muchos años que no iba a De La Ostia, el bar de tapas, pintxos y cañas a la catalana de Orrego Luco. Uno de los motivos es que hace ya varios años hubo un salto en los precios para “chilenizarlos”.  De lo que recuerdo de esa época a ahora, no han variado mucho, lo que ha hecho que el local tenga precios muy parecidos a un similar en pleno Barcelona.

Hoy De La Ostia es un lugar con una buena relación precio-calidad, pero no apto para todos los bolsillos, aunque sigue con la idea de comer, tomar y hablar, por lo que su carta está diseñada con preparaciones pequeñas y muy sabrosas. Esto es una solución para los españoles, pero para un chileno con hambre puede ser un problema, porque va a sumando pequeños cobros y pequeños bocados hasta armar una cuenta que su billetera no esperaba. Ojo con eso cuando lo visite.

La recomendación es partir con las croquetas de jamón ($4.800). Estos bocados son un buen abridor de hambre, aunque un poco pesado para los comensales. Yo preferí las mejillas de congrio al pil pil ($4.900), que son una explosión de sabores europeos y que superan con creces a la otra opción: un pulpo a la parrilla ($7.100) que dos veces llegó un poco pasado y con una consistencia más tensa que lo que se podría esperar.

Ahora, si la idea es comer algo un poco más contundente, las Patatas Bravas o las Ali Oli ($3.800) son una buena idea, aunque su presentación no es muy pareja y se exceden un poco con las salsas. Eso junto a la xistorra a la plancha ($3.800), o a las Tiras de Lomo vetado a la sal gruesa ($4.800), y una buena cerveza, van muy pero muy bien.

Los pintxos (estas especies de canapés que se comen de uno o dos bocados) son correctos, de buen tamaño y sabrosos. Recomendados el  Pintxo Didar ($1.200), que sobre mantequilla de alcaparra lleva una trucha ahumada al eneldo, y Pintxo Envidia ($1.100), que sobre el pan pone endibia al roquefort y jamón serrano.

En España una tradición es que en cada mesa hay agua, del grifo, como le dicen. En De la Ostia no hay, pero si uno pide agua te dan una botella filtrada por Prisma Water, que son filtros profesionales que se instalan en las cañerías. O sea, por $1.500 la botella, te sirven agua de la llave, filtrada con alta tecnología. Suena bonito, pero quizá el precio es demasiado alto, pensando en que una caña de su cerveza artesanal de marca propia cuesta $2.200.

El servicio no destacó, pero tampoco estuvo mal, aunque llamó la atención que las dos veces que nos sentamos en la terraza lo hicimos en la misma mesa y, aunque lo hicimos con más de tres semanas de diferencia, la mesa seguía desnivelada e inestable. No digamos que se nos cayó algo ni que nos molestó, sólo nos llamó la atención que a nadie le importara.

¿Lo malo?

No es tanto culpa del local, pero las dos veces que nos sentamos en la terraza la conversación fue constantemente interrumpida por músicos, vendedores y gente pidiendo aportes voluntarios. Esto no es algo que moleste, pero contando las dos visitas, fueron 8 interrupciones. Y en tres de estas interacciones, el hecho de ya no tener efectivo para cooperar terminó con que recibimos un par de insultos que no esperábamos y que nunca llegan bien cuando uno está almorzando.

Una pena.

Este local se visitó tres veces  de manera anónima y sin invitación.

De la Ostia. Orrego Luco 065, Providencia. Teléfono: +56223351422

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