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¿Sabías que dependiendo de tu edad debes preferir y evitar algunos alimentos? Aquí tienes una pequeña guía

La vida es comer. En mayor o menor cantidad esto es algo que todos hacemos y que nos preocupa. El problema es que la nutrición, como las ciencias ocultas, está llena de mitos e ideas que permiten que un gran porcentaje de la población termine, a pesar de poner mucho esfuerzo en aquello, malnutridos.

Es que, ojo, estar malnutrido no significa necesariamente estar gordo, sino que alimentarse de una manera en la que la alimentación no es beneficiosa para la salud. Por eso, acá dejamos consejos de alimentos que deberías considerar reforzar o hacer desaparecer de tu dieta, dependiendo de la etapa de la vida en que te encuentres.

Antes de los 20 años: El momento para entender que la alimentación es importante

Estar gordo cuando eres un niño es difícil: se tiene mucha actividad física y nuestra alimentación está casi completamente controlada por nuestros padres o adultos responsables. También estás en pleno crecimiento y descubriendo cuáles son tus tolerancias a los alimentos. Esta es la etapa de la vida en la que deberías probar de todo para conocer tus alergia alimentarias y para aprender la importancia de la alimentación en tu vida.

Es importante que los adultos le vayan dando al niño el hábito de alimentarse bien, que no los castiguen ni tampoco premien con la comida, y que entiendan que las golosinas son eso: golosinas. Y que la vida no se trata de comer solo golosinas.

 

A los 20 años: Tu última oportunidad de acumular calcio

La segunda década de nuestra vida está llena de mala alimentación. Generalmente, lo dice la economía, es el momento en el que estudiamos y vivimos de escasas mesadas o los ingresos de trabajos temporales, los hábitos de alimentación se mueven dependiendo de la actividad y luego, recién disponemos de dinero en nuestras cuentas, por lo que nuestro presupuesto en alimentación es bajo.

Antes de los 30 años, además, nuestro cuerpo acumula la mayor cantidad que tendrá en la vida de calcio, por lo que la idea es que ese volumen sea lo más alto posible, pues después comienza a decaer. En esta etapa generalmente no se nota la mala nutrición porque estamos ocupados y en movimiento, pero es importante cuidar el tipo de alimentación que se tiene, pues desde aquí en adelante todo se acumula.

A los 30: fibra, frutas y verduras

A los 30 el cuerpo cambia. Engordar es más fácil, adelgazar más difícil.

Hay menos tiempo para el deporte y es la transición entre un sistema juvenil y uno adulto, por lo que el autocuidado es fundamental. Los nutricionistas recomiendan para esta época de la vida en aumentar la ingesta de productos frescos, abandonar los productos procesados, el exceso de azúcar y sal y privilegiar la fibra y los productos integrales.

A los 40: Cuidado con la presión arterial

En esta edad el ojo debería estar en las enfermedades cardiovasculares. La recomendación es evitar los alimento procesados, las grasas y la sal, e introducir a la dieta los alimentos con propiedades antiinflamatorias.

También, principalmente en el caso de las mujeres, existen cambios hormonales que se empiezan a sentir de manera general, por lo que los vegetales como el brócoli o la coliflor, que tienen propiedades crucíferas, al pertenecer a la familia brassicaceae. Se trata de un grupo de vegetales que destaca por sus numerosas propiedades que contribuyen al cuidado de la salud. Y es que, son una fuente de nutrientes, vitaminas y minerales, pero también permiten estabilizar el cambio hormonal.

En esta década se puede comer menos pues el metabolismo consume menos energía y el gasto calórico disminuye fuertemente. Si sigues comiendo lo mismo, engordarás.

A los 50: Otra vez el calcio

Si ya superaste el medio siglo sabes que el autocuidado ya se transformó en una norma de vida. Por eso, la alimentación supone un ítem importante a la hora de diseñar tu propia estrategia del cuidado de tu salud.

Entonces, ¿qué se hace? La idea es comenzar a recomponer y apostar a demorar lo más posible el deterioro progresivo y natural que vivimos en esta edad. Por eso, las grasas trans, la sal, las carnes rojas, embutidos y comida rápida comienza a quedar cada vez más atrás para dar un paso frecuente a alimentos con fibra, frescos y con calcio, que ayuden a disminuir los estragos de dos décadas de pérdida de este elemento en nuestros huesos.

 

A los 60s: Alimentar al cerebro

En esta edad ya las prioridades cambian y la alimentación debería enfocarse en la búsqueda de compuestos como polifenoles, que apoyan en contra de la oxidación celular y protegen la función neuronal. Aquí los mejores son los vegetales frescos.

También hay que aumentar la ingesta de proteínas, aumentando el consumo de carne de ave, de frutos secos y legumbres, que aportan en contra de la pérdida muscular. Es recomendable olvidarse de las grasas saturadas y de productos que pueden ayudar a la ocurrencia de problemas cardíacos o vasculares.

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