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Color intenso y frutos negros: Un enólogo te enseña a reconocer un carménère sin mirar la etiqueta

Es nuestra cepa emblema, básicamente porque solo Chile la tiene en este momento.

Es que el carménère nació en Bordeaux, donde fue ampliamente cultivada a principios del siglo XIX en las regiones de Médoc y Graves. Pero luego hubo una plaga de filoxera, y desapareció.

Antes habían mandado a Chile en donde una mezcla de poco valor y poco conocimiento hizo que esta cepa se “escondiera” entre otras uvas, pasando por merlot. Eso hasta que en 1994 el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot afirmó que este Merlot chileno era nada más ni nada menos que carménère .

Y así volvió y se transformó en algo que solo tenemos acá, y de lo que hoy estamos orgullosos.

Por eso es que Marcio Ramírez, enólogo de Casillero del Diablo, nos ayuda a reconocerla sin mirar la etiqueta.¿Cómo?

Lo primero, dice Ramírez, es no fijarse en el valor sino que en su color intenso y oscuro, “los carménère  de buena zona siempre tendrán un color atractivo. En boca siempre será un vino muy suave y goloso. Si es amargo y duro es que se cosechó muy temprano y sus taninos no maduraron”, dice.

Los sabores del carménère , por lo general, son de frutos negros, ciruelas maduras, especiado, mucha pimienta blanca y en algunos casos pimentones rojos asados de cuerpo medio, muy suave y sedoso. “El racimo de sus uvas es mediano de forma cónica, sin hombros y sus granos son muy pequeños”, explica Ramírez.

Por otra parte, el enólogo cuenta que “los platos más adecuados para tomar este vino son las carnes rojas, cerdo y cordero, también le viene bien los quesos cremosos. Una recomendación es Casillero del Diablo Reserva Privada carménère  2016, que logra el equilibrio perfecto para una cena con estos alimentos, por su elaboración con uvas cuidadosamente seleccionadas, cosechadas en el Valle de Rapel”.

En general, el carménère es una variedad muy versátil, y se puede trabajar de diferentes maneras. En Casillero del Diablo se hace de manera tradicional, se fermenta de nueve a diez días, macerándose 12 días.

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